Entrevistas en Pizza Vegetal

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El género de las entrevistas es fascinante pero está subestimado. Si intentamos encontrar en el periodismo a buenos entrevistadores posiblemente nos alcancen los dedos de las manos para reunirlos a todos. Al menos, eso me dice mi experiencia: he visto pocas entrevistas que realmente me hayan cambiado la vida. Pienso que el problema fundamental al que se enfrenta el género es la nueva modalidad de comunicación en la que nos vemos inmersos, donde inmediatez es un requisito indispensable a la hora de comunicar porque todo lo que decimos en un momento, al instante siguiente puede ser irrelevante. Esto ha provocado una ola de informadores malos y de entrevistadores mediocres: las charlas se preparen a las apuradas y carecen del indispensable acercamiento previo al personaje al que se entrevista. Esto da como resultados, evidentemente: charlas superfluas y entrevistados que no se sienten cómodos.

"Cuando se hacen entrevistas todo el mundo juega un papel: el que entrevista juega el papel de hacerte ver que está muy interesado y el entrevistado juega el papel de hacerte ver que es muy interesante. Y es muy curioso el juego psicológico que se establece en las entrevistas".

Esto es algo que me dijo Antonio Lucas (pueden leer nuestra charla en Poemas del Alma) y que me sirvió muchísimo para destacar la importancia de la empatía a la hora de preparar y realizar una entrevista. Sin duda esa es la característica fundamental de un entrevistador (antes que el don de la oratoria, incluso): la capacidad para mirar al otro y ponerse en su lugar esté o no de acuerdo con las ideas que exponga.


Las entrevistas y yo


Cuando era niña sentía una gran atracción hacia el género periodístico. Debería decir que desde niña lo siento, en realidad. Y es que, al igual que me ha ocurrido con muchas otras cosas, el periodismo se asomó a mi vida de una forma casi aleatoria, y lo hizo para quedarse, mucho antes de que supiera definir de qué se trataba; aún me cuesta hacerlo, debo reconocerlo.

Cuando tenía ocho años me regalaron un librito que se titulaba "El periodista", una verdadera joya que me impulsó a iniciarme en este precioso sendero, como si de un juego se tratase. Comencé aprendiendo el significado de palabras como copete, titular, epígrafe y, una de las más bonitas, entrevistas. Seguía con afán los ejercicios propuestos en el libro: navegando en un río nuevo que ponía en letra grande la palabra AVENTURA (que fue desde siempre una de mis favoritas). Entre todas esas actividades, sin duda, una de las cosas que más disfruté en esa aventura fue el fabricar mi propio micrófono. Me afané locamente con cartón, tijeras y marcadores hasta conseguir un pequeño objeto algo frágil que posiblemente sólo para mí fuera un artefacto de comunicación. Las cosas que nos ligan a las pasiones a veces sólo son perceptibles para nosotros. Hoy cada vez que comienzo a preparar una entrevista vislumbro aquel tesoro gracias al cual mi pasión por la comunicación comenzó a cobrar forma y se fue adueñando de todos mis sueños, quizá con el deseo de recuperar la ilusión primera, esa mirada limpia con la que observábamos el mundo al principio. Así, lentamente fui abriéndome paso entre juegos y lecturas en este universo lleno de magia; y si alguien me hubiera conocido entonces, probablemente habría asumido que me convertiría en reportera. Pero la vida suele dar muchos brincos hasta que nos ubica donde realmente debemos estar.

Mi adolescencia me despertó tímida y con una fuerte tendencia a la introversión; incapaz de salirme de mi mundo interior durante demasiado tiempo, y denotando una fuerte apatía al mundo que me rodeaba. Y, lo único que quedó de esa niña que deseaba ser periodista, fue una vocación insufrible por la palabra pero en el reverso matiz: la escritura . Y entonces, la poeta y la narradora que llevaba dentro desplazaron rotundamente a la reportera y se adueñaron de mis ilusiones.

Cuando hace unos años comencé a trabajar como redactora en Poemas del Alma no creí que ése sería el comienzo de un camino en el que volvería a las raíces para encontrar, finalmente, mi propio espacio. Al principio se trataba de escribir artículos relacionados con la literatura pero llegué a un punto en el que la rutina ya no deparaba para mí una aventura, y la monotonía comenzó a molestarme. Entonces recordé aquel micrófono de cartón y me propuse regresar a las entrevistas, tomándolo como un trabajo serio, pero sin olvidarme de que, en el fondo, todo lo que hacemos en la vida debe provocar en nuestro interior esas mismas emociones que nos causaban los juegos en la niñez.

A través de las charlas con autores a los que admiro como Antonio Lucas, Isabel Bono, Antonio Soler, Valeria Tentoni, Flavia Company, Andrés Neuman descubrí que en el fondo la chica con su micrófono de cartón no había desaparecido, se había quedado agazapada, nutriéndose de las experiencias que mi otro yo vivía para encontrar una razón valiosa que le diera la valentía de enfrentarse a la timidez. ¡Y aquí estamos!

Decía al comienzo que el género de las entrevistas está subestimado. La prueba de ello es que resulta difícil encontrar entrevistas hechas con pasión. Del propio Antonio Lucas no he encontrado entrevistas que estén a la altura de las que él realiza, por ejemplo. Y ni hablar de los activistas, creadores y difusores del movimiento vegano; existen pocas entrevistas de ellos. Después de buscarlas como una posesa decidí que yo puedo cambiar eso: incorporando este fabuloso género a Pizza Vegetal. ¡Estén atentos porque estoy trabajando intensamente en esta nueva propuesta! Por mi parte, estoy contenta de ver realizados lentamente aquellos sueños que colmaron mis insomnios infantiles.

Sirva este descontracturado artículo a modo de inauguración de una una nueva sección en Pizza Vegetal de la que, espero, todos aprendamos mucho.