Después de sufrir sucesivas negativas por parte de editoriales convencionales me he decidido a publicar mis cuentos de forma digital. Comienzo con este librito cuya creación ha sido muy enriquecedora para mí porque he trabajado con una amiga del alma que además es una flor de ilustradora: Nana Cuevas Otonelli.

De niña me gustaba sentarme en el piso de la biblioteca de mi casa con una pila de libros de cuentos infantiles cuidadosamente seleccionados a mi lado. A medida que los iba leyendo formaba con ellos una nueva pila que crecía y crecía. Cuando terminaba la lectura, volvía a colocarlos en la biblioteca y escogía nuevos títulos. La hora de la siesta, cuando el mundo parecía una naranja perfecta y la casa estaba adormecida, era uno de mis momentos favoritos para dedicarme a la lectura: ¡qué dulce placer! Supongo que aunque todavía no entendía del todo que los libros podían hablarme de la vida que se extendía más allá de ellos: de mis miedos, de mis risas, de mis preocupaciones, de mis gustos, algo podía intuir. La revelación vino con la llegada de un libro heredado de mis primos mayores —Pienso que viene de esa época esa loca fascinación que siento por los libros usados: vidas compartidas en silencio—. Se llamaba "El olfato de Conejín" y era un viaje a través de un inmenso jardín en compañía de su protagonista, un conejito travieso, que me invitaba a rascar las páginas y sentir diferentes aromas. Fue aquel un descubrimiento maravilloso que me permitió atisbar la chispa de la pasión lectora.

¿Por qué les cuento esto? Pues porque estoy convencida de que es en esos pequeños instantes de luz en los que nuestra vida da brincos y se encamina; es por cuentos como aquel que hoy me dedico a la escritura: este extraño oficio que consiste en trazar una línea que afine la distancia entre ficción y realidad. De este modo, "Cuentos para aprender a volar" se construye de esas lecturas y tiene el deseo de volar y provocar en quienes lo lean esa emoción que late en mi memoria con absoluta intensidad. Es mi deseo que quienes lean estos cuentos puedan descubrir su propia luz, a través de mi torpe pasión por transcribir a palabras el mundo que no entiendo. Además, pienso que Nana ha sabido captar la esencia de cada historia y ha dotado al libro de una magia y un estilo definido. ¡Invitados están a pasearse por estas páginas y disfrutar de la lectura! Ojalá que sea para ustedes un rato tan agradable como los que yo he pasado escribiendo y rememorando esas lecturas de la infancia.




NOS DICEN QUE OBSERVAMOS CON LOS OJOS
y que es nuestra vista quien impone los límites.
Yo tengo las certezas pegadas a mis manos:
diez dedos que se rozan, que se oxidan,
que golpean la cara para tocar la luna;
diez dedos con sus manchas, sus rayitas,
cicatrices que aseguran mis pisadas.
Huellas únicas, marcas propias:
el mundo se abre paso a paso
en mis gajos de piel que golpean los límites.


(Un poema de "La luz en el espejo". Puedes descargarte el libro aquí)
"El lugar donde vivo es una especie de laberinto
y yo sigo buscando la salida o el hogar"
(Anne Sexton)

Un hogar que no queme y que nos deje ser libres tiene que ser posible. Cuando dejo de creer y pienso que las demás hicieron lo correcto y yo soy la única que se equivocó, focalizo en algunas imágenes que se han grabado a fuego en mi memoria y viajo a un país de mujeres que visité de a ratos en la infancia.

Bella Vista era ese país. No el barrio, no la gente en general, ni siquiera la casa, sino lo que en mí despertaba: la ilusión de que otra vida habitaba más allá de la realidad. Y es que si bien la casa era maravillosa, amplia y llena de escaleras, lo mejor en ella era el oxígeno: un país de mujeres que no permanecían encerradas en la cocina o en el jardín, que aspiraban el mundo con palos de Jockey, con palabras, con libros, con música. Una ventana, como esas que dibuja Remedios Zafra en sus libros, a través de la cual mirar mis vidas paralelas y creerlas posibles. Hoy sé que fue en lugares como ése donde comenzó a gestarse mi necesidad de salirme de lo que había sido "diseñado para mí".



En ese país de mujeres vivía María Medrano, que hoy es una de los motores de Yo No Fui, una Asociación Civil y Cultural que trabaja en múltiples proyectos dentro y fuera de la cárcel de mujeres de Ezeiza. Un proyecto que le sirvió a María para ampliar las fronteras de ese país y que ha vuelto a acercarnos después de muchos años. María es también poeta y les recomiendo que la lean porque no vale la pena, lo siguiente.

Gracias al empuje de María y de varias mujeres, como Liliana Cabrera  se fue gestando Yo No Fui. Por cierto, a Lili también tienen que leerla porque escribe con las uñas y te sacude. En el documental Lunas Cautivas pueden conocer más a fondo los inicios de la organización, el taller de poesía que María dictaba en Ezeiza.


El trabajo de Yo No Fui no está enfocado sólo (como si fuese poco) a ofrecer lo que el sistema social y de trabajo no procura para las expresidiarias: apoyo emocional y estrategias laborales y productivas para que puedan poner en práctica los oficios aprendidos y consigan una salida laboral real. No, hay toda una labor casi silenciosa pero invaluable: contarnos a los que estamos fuera cómo es la vida dentro, devolverle la calidad de individuas a las mujeres privadas de libertad y demostrarnos que el sistema que sostiene nuestra sociedad es anacrónico e inútil.

Como toda ONG, Yo No Fui se mantiene a flote gracias a la colaboración ciudadana y al empeño de unos pocos. En este momento participan de una campaña del Banco Interamericano de Desarrollo, a través de la cual buscan apoyo económico para llevar a buen término sus numerosas gestiones. Por eso escribo, porque necesito que nos ayudes.

Lo único que tienes que hacer para colaborar con este país de mujeres es mirar el vídeo que han colgado en Youtube, darle al "me gusta" y compartirlo a través de las redes sociales o sistemas de mensajería que normalmente utilices, para que muchas otras personas colaboren con el proyecto. Te pido que les brindes un ratito de tu tiempo a estas guerreras que nos obligan a recuperar la confianza en nuestra delirante especie construyendo un país de mujeres libres.




Sí, ya conozco ese cantito de por qué tienen los veganos que intentar hacer las mismas recetas carnistas en versión vegana y, la verdad, no es un tema que merezca mi atención para debatirlo habiendo tantos otros importantes en lo que se refiere a la desigualdad entre seres sintientes en este planeta. No obstante, les cuento que en mi caso esa necesidad de replicar ciertos platos carnistas en parte es por nostalgia. La comida está muy relacionada con nuestros recuerdos, y evocar a través de los sabores experiencias o momentos bonitos del pasado me parece un precioso viaje que no pienso perderme.

He escogido este plato para el blog pensando en uno de los aspectos que más me interesan de la cocina: la persecución de platos sabrosos y sencillos (también económicos). Muchos creen que ser veganos es un lujo para gente pudiente. Y, si queremos vivir comprando comida hecha ciertamente lo es; pero si buscamos una cocina casera y variada, podemos llevar una dieta vegana deliciosa y sin gastar mucho dinero en ello. En lo que a mí respecta, si bien me gusta experimentar con cosas bien diferentes y con ingredientes exóticos, prefiero los platos sencillos y con un toque tradicional-estacional.

Una de mis comidas de invierno favoritas son los bifes veganos a la criolla. Por eso antes de que el verano termine de aterrizar del todo por aquí quería publicar la receta. Si te sientes identificado con este las recetas sencillas y rústicas, no dejes de probar este delicioso plato y sorprende a tus amigos con él.


INGREDIENTES


* 1 diente de ajo
* 1 morrón mediano en tiras
* 1 cebolla en rodajas
* 1 papa grande en rodajas
* 1 tomate en rodajas
* 6 bifes de seitán
* 2 tazas de agua hirviendo
* 1 caldito vegetal
* Especias a gusto

PREPARACIÓN


1 —En una sartén grande sofreímos el ajo, la cebolla y el morrón hasta que se ablanden un poco.

2 —En la misma sartén sellamos los bifes de seitán (vuelta y vuelta). Apartamos del fuego y colocamos todos los ingredientes de la sartén en un recipiente limpio.

3 —Colocamos un poco de aceite de oliva en la misma sartén, colocamos las papas en rodajas y freímos unos minutos.

4 — Colocamos todos los ingredientes nuevamente en la sartén, agreganos el tomate, el caldito y las 2 tazas de agua hirviendo. También podemos incluir orégano, tomillo y pimienta en grano.

5 — Cocinamos a fuego lento removiendo cada un cierto tiempo los ingredientes para que se cuezan de forma pareja. Este paso puede tomar (dependiendo de la potencia del fuego) entre 20 y 30 minutos. ¡Debes ser paciente si quieres un plato delicioso porque cuanto más tiempo te tome, más sabroso quedará!

Hay proyectos que te cambian la vida. Son esas iniciativas que surgen de las ganas de construir un mundo mejor, más equitativo y justo, y que llegan para demostrarnos que es posible esa realidad sin prescindir del disfrute. Proyectos que sólo necesitan un instante para nacer pero muchos años (y vida) para mantenerse en pie. Hace unos meses mientras navegaba por la red me encontré con Reverdes, uno de esos lindos planes de vida que te conquistan nada más cruzarte con ellos.

Javi y Sandra son dos jóvenes veganos de Barcelona que han decidido dedicar sus vidas a las dos cosas que más les apasionan: los viajes y el diseño web; por eso en el año 2003 fundaron Reverde un estudio de diseño gráfico en el que intentan combinar la creación con el respeto por el medioambiente. "Ofrecemos un estilo diferente, bañado de palabras muy dulces que nacen directas del corazón", nos cuentan en su web. He tenido la suerte de mantener una conversación digital con ellos y aquí está el resultado. ¡No se olviden de visitar este exquisito proyecto!





P—¡Diseñadores web que apuestan por una vida sostenible! ¿Rompiendo con el estereotipo de que los amantes de los ordenadores e Internet somos frikies que nos la pasamos comiendo grasa?

R—Jaja, no te creas Tes. Somos santones a medias ;-) La verdad es que también tenemos nuestro momento traviesillo… portándonos tan bien el 95% del tiempo, ¡alguna que otra vez no le hacemos un feo a unas patatas fritas recién hechas y compartidas en buena compañía!

»Todavía nos encontramos en pleno camino, dentro de un proceso de aprendizaje fantástico que se llama vida, la cual no deja de sorprendernos, y te aseguramos que estamos disfrutando como locos del viaje. Creemos que la salud, la ética, el respeto y la sostenibilidad están presentes en el día a día. No concebimos nuestra vida ‘actual’ sin estas premisas.

P—¿Cómo fue vuestro acercamiento al veganismo? ¿Qué experiencia os marcó para tomar la decisión de cambiar vuestra vida?

R—Me atrevo a decir que el acercamiento fue casual. Todo empezó a partir de la lectura de un libro, La Anti-dieta, donde se enseña a conocer los alimentos para combinarlos correctamente y sacar el máximo beneficio a la energía del cuerpo.

»Este concepto de energía me llamó especialmente la atención ya que por aquel entonces, no daba excesiva importancia a lo que comía. Los capítulos enteros dedicados a explicar qué ocurre en el cuerpo cuando tomamos carne y bebemos leche, me dejó atónita; así que en cuestión de meses y de forma paulatina, fuimos dejando de consumir alimentos procedentes de animales.
La transición duró alrededor de un año y medio hasta que regresamos de un viaje con la firme determinación de adoptar un estilo de vida 100% vegano.


P—¿De qué forma puede combinarse una vida sostenible y nómada con el trabajo creativo? ¿Cómo es un día en la vida de este proyecto reverde?

R—Si uno tiene claros sus principios, no importa que esté en un lugar instalado como recorriendo mundo con la mochila a cuestas. En bien cierto que casa se dispone de un control total de la situación a diferencia de estando de viaje pero, a la hora de la verdad, la capacidad de adaptación es lo que realmente cuenta.

»Aprendimos a prescindir de cosas superfluas para llevar a cabo una vida nómada más ligera. El hecho de ir con lo puesto más un ordenador fomenta la eficiencia en el trabajo y aleja la procrastinación porque sabes que cuanto antes se finalicen las tareas, de más tiempo se dispondrá para visitar la ciudad o el pueblo en el que nos hallemos.

»La sostenibilidad aplicada al viaje se basaría en apoyar a comercios locales, disfrutar de la extensa variedad de frutas y vegetales de lugar (y no de platos morbosos que incluyen animales), rechazar la explotación cualquier ser sintiente o sencillamente, no contaminar con bolsas ni objetos de plástico de un único uso (pajitas, platos, vasos…).

P—Viajar os permite acercarse a nuevas culturas y formas de pensar y decir las cosas. ¿Cómo creéis que os influye eso a la hora de llevar a cabo un proyecto?

R—Cada nuevo país es una lección de conocimiento que agita hasta los cimientos que parecían inamovibles. Como solemos decir, hay que llevar siempre puestas las gafas de la curiosidad; eso nos dará pie a que podamos completar nuestra mirada al mundo con las nuevas lentes que esos lugares regalan por el simple hecho de ser visitados.

»Formas, texturas, charlas, sabores, olores, naturaleza, estados de ánimo… todo influye a la hora de ponerse delante del ordenador y transmitir con cada clic un trocito de experiencia plasmado en forma de píxeles.



P—Ofrecéis descuentos para aquellos proyectos que apuesten por una vida sostenible. ¿Una forma de demostrar que hay muchas y variadas formas de hacer activismo y de luchar por un mundo mejor?

R—¡Y tanto que sí! Si la idea de negocio o proyecto que se nos plantea vela por los intereses de los animales y del planeta, estaremos encantados de dar un empujón con un 10% de descuento y arrancar así con muy buen pie.

»Hay muchas maneras de apostar por el respeto hacia el planeta. Últimamente nos hemos dado cuenta de que empieza a evidenciarse una masa crítica que tiene mucho que decir: desde restaurantes que creen con firmeza que una alimentación basada en vegetales enriquece todos los sentidos hasta personas que crean santuarios para proteger a aquellos que no tienen voz. Aunando esfuerzos, conseguiremos alcanzar el objetivo que nos mueve: trabajar por un planeta justo, amable y libre de crueldad.


P—¿Sois activistas? ¿Qué creéis que le hace falta al movimiento vegano para mejorar su campo de acción?

R—Hay muchas maneras de hacer activismo, tanto directa como indirectamente. En nuestro caso, optamos por la difusión del veganismo a través de las redes con consejos, recetas o recomendaciones de restaurantes. Queremos dar a entender que ser vegano no supone ningún tipo de problema estando de viaje y animamos a cualquiera a explorar el mundo sin miedos infundados. Hay más personas de las que crees que miran la vida desde el lado verde.

»En cuanto al movimiento vegano, creemos que incluso estando en el mismo bando, en ocasiones permitimos que las pequeñas diferencias o roces nos separen. No olvidemos que tenemos el mismo objetivo por lo que nunca hay que perder de vista eso.

»Necesitamos más unión entre nosotros y sobretodo, valorar que también la gente que da un pequeño paso -quizás no tan grande comparado con otros-, nos acerca también a un mundo más justo y pacífico de convivencia entre las personas, animales y el planeta.


P—Entre vuestros proyectos habéis realizado una guía sobre Bali con consejos acerca de restaurantes vegetarianos. ¿De qué forma habéis llevado a cabo ese proyecto y cómo podemos adquirir esta guía?

R—Básicamente queríamos que los viajeros que se encontrasen visitando esta preciosa isla de Indonesia, disfrutasen de la amable y verde oferta culinaria existente, tal y como hicimos nosotros.

»Wonderfood da nombre a los negocios que promocionan una alimentación sana y libre de crueldad. A cambio, una pequeña parte del dinero va dirigida a causas ambientales y sociales en beneficio de la isla. Se puede adquirir la guía desde www.wonderfoodguides.com o en formato epub desde Amazon. Advertimos que las fotos harán la boca agua a más de uno/a ;-)


P—¿Qué tipo de proyectos os interesan más y de qué forma podemos contactar con vosotros?

R—Nos mueven las personas inquietas con ganas de cambio y contribución al mundo. Ideas de todos los tamaños y de cualquier color: todo proyecto que nazca de la pasión por vivir en un lugar mejor y que fomenten el respeto entre todos los seres vivos, serán más que bienvenidos.

»Somos todo oídos y queremos saber qué ronda por la cabeza de estas personas, sea lo que sea, porque queremos echarles no sólo una mano, sino las cuatro. Así que sólo hay que teclear www.reverdes.es para ver nuestros trabajos y contactarnos.

¡Ya lo sabéis! Echadle un vistazo, porque proyectos así no nacen todos los días pero pueden cambiarnos la vida.